Artículos recientes

 


La información sobre
violencia de género


Reflexión sobre anuncio de
Coca-Cola:
"¿Y usted tiene referencias?"

 

 

Contacto por correo electrónico

 

El arte de hablar en público

El discurso de la candidata a secretaria general del PSOE en el 38º Congreso en Sevilla

La ocasión lo merecía, y por eso la puesta en escena fue muy cuidada. El congreso de un partido que acababa de perder las elecciones generales después de ocho años gobernando, y dejaba la representación bajo mínimos, exigía de la candidata a la secretaría general una actuación memorable, y hablamos de actuación porque hablar en público es una representación que, para que tenga el éxito esperado, necesita contemplar una serie de reglas que son ineludibles. Y la primera es analizar la ocasión. Esta era la primera vez que, con muchas posibilidades, una mujer aspiraba al cargo de más poder en el PSOE, y era muy importante porque, además, Chacón partía de una situación de gran equilibrio en cuanto a los apoyos recibidos respecto a su contendiente, así que su discurso y la forma de darlo eran determinante. ¿Puede decirse que podría haber ganado si hubiera interpretado de forma distinta su discurso dado el escaso margen de votos, 22, que aupó al otro candidato al cargo en disputa? ¿Tuvieron motivos los periódicos que criticaron el modo de expresarse? ¿La representación tuvo en cuenta las diferencias de género que guían la percepción del público cuando habla una mujer o un hombre?

En cuanto al dominio de la comunicación pública, Rubalcaba partía como caballo ganador. Pero no solo en cuanto a experiencia, mucho más extensa que la de Chacón, para enfrentarse a un auditorio que, como cualquier otro, no está acostumbrado a entregarse al discurso femenino. Dirigirse a más de 1.000 personas que asistían al Congreso siendo mujer que opta al máximo cargo en la jerarquía del partido fue mucho más difícil que hacerlo en la piel de un hombre; los hombres juegan también en este terreno con ventaja. No sería precisa esta aclaración si a las mujeres no se las hubiese prohibido disfrutar del arte de la oratoria, como lo han hecho los hombres, desde hace más de 2.500 años.

La manera de comunicarse de mujeres y hombres es muy distinta; no entraremos aquí en si las formas masculinas son mejores o peores que las femeninas o viceversa, pero el hecho de que las personas sean socializadas en espacios distintos dependiendo de si se trata de una mujer o de un hombre va a ser decisivo a la hora de enfrentarse a actuaciones en el espacio público; y este es un aspecto que las mujeres deben tener en cuenta, especialmente en intervenciones  que persiguen convencer a quienes, en principio, pueden no haberse decantado, aún, por una candidata para el cargo de secretaria general de un partido como el PSOE, como fue el caso de Chacón.

 

El entusiasmo y la emoción, la primera condición

Cuando se habla, llegar a una audiencia alicaída es mucho más difícil que hacerlo en una situación de optimismo y alegría; el mismo discurso es percibido de forma totalmente distinta; por tanto, es preciso cultivar, espolear el ánimo del público para que prendan en él nuestras palabras. Solo lo conseguiremos con nuestro entusiasmo, transmitiendo emoción. Quien vivamente comunica su discurso con pasión, con vehemencia, con emoción cuando, además, el contenido es de calidad, contagia su estado de ánimo al público que también se emociona. Y esta situación provocada tiene asegurada la adhesión del público, que es el objetivo que se pretende con el discurso. Por el contrario, un discurso mecánico, sin entusiasmo puede ser correcto, pero puede no proporcionar un interés expectante en el auditorio.

 

Cómo puede una mujer transmitir credibilidad

Dentro de las claves convencionalmente aceptadas para dirigirse al público se señala como prioritaria la necesidad de comunicar credibilidad, y la manera de implementarla es manifestarse con seguridad. El problema es que todavía estamos en la etapa inicial del proceso de elaboración de la imagen pública de una mujer segura de sí misma. Los detalles que hacen creíble la actuación de un hombre son ampliamente conocidos y aceptados por la audiencia, tanto masculina como femenina, que nunca pondrá en duda que la  seriedad, la mirada directa, el tono de voz grave, el cuerpo erguido y el ánimo resuelto son atributos necesarios para mostrar solidez en el discurso. El problema surge cuando estos atributos se instalan en un cuerpo femenino, ¿son aceptados o, por el contrario, parecen artificiales, aprendidos y, por tanto, no naturales?

Pienso que la candidata a secretaria general se dejó convencer por quienes le aconsejaron aparecer convincente a través de los mimbres del discurso masculino: seriedad, movimientos resueltos y continuos de los brazos arriba y abajo que querían manifestar fortaleza, rotundidad y decisión; entonación de mitin, con finales de frases que exigían elevar el volumen de la voz para esperar el aplauso y, especialmente, gesto serio. El problema es que si abunda la  seriedad y el gesto adusto, la consecuencia parece el enfado; claro que el contexto no permitía ni la broma ni la risa pero, como en cualquier discurso, el gesto amable se hace imprescindible e incluso se produjeron situaciones que podrían haber dado lugar a más de una sonrisa de complicidad con un público, el suyo, la militancia de su partido que, pienso, habría agradecido que olvidase más a menudo lo que daba sensación de reprimenda.

Creyó la candidata que estaba hablando al público en general, a la población española que acababa de negar el respaldo mayoritario a su partido. Parecía como si no hubiese tenido en cuenta a la audiencia a quien hablaba; y esta es la primera regla a la que debe atenerse la persona que quiera atraer a la  audiencia a sus posiciones:  saber a quién se está dirigiendo y desarrollar su discurso en función de ese público. Es cierto que aunque la tarea pudiera parecer sencilla -jugaba en casa- no lo era porque estaba desafiando no solo el puesto de secretaria general sino también el poder patriarcal, que, incluso sin quererlo, estaba detentando el otro candidato, varón.

 

La lectura del discurso

La puesta en escena de un discurso afecta a toda la persona que lo está pronunciando: no solo el sonido que sale de su boca, sino todas y cada una de las partes del cuerpo que están comprometidas en la misma actuación; y todas ellas deben cuadrar armónicamente. Por eso la lectura del discurso no es la forma mejor para hablar en público; puede ser la necesaria, pero no es la más recomendable, porque cualquier persona que haya optado por leer su discurso debe saber que terminará presa del papel. El papel ata tanto a quien lo lee que, quien lo hace, pierde la naturalidad que tantos rendimientos proporciona. El lenguaje no verbal, el lenguaje del cuerpo, tan importante a la hora de conectar con el público, para que se capte creíble, se siente afectado negativamente y se pierde la necesaria conectividad entre el habla, el sonido, por una parte, y las diferentes partes del cuerpo, que se expresan por otro lado; de esta manera el discurso pierde naturalidad y, por tanto, verosimilitud.

La lectura resta también credibilidad por esa dependencia del texto escrito que siempre se puede pensar que no es de quien lo está leyendo. Es preferible no caer en la exhaustividad, exponiendo todos y cada uno de los puntos que se piensan necesarios, que se aseguran con la lectura, sino proporcionar armónicamente, con todo el cuerpo, sensación de credibilidad y esto se detectará  porque lo que estás contando te sale de dentro, porque te lo crees, porque lo vives, y se nota que lo vives porque tu lenguaje no verbal lo está comunicando aunque no lo estés dirigiendo racionalmente. El discurso que se siente y manifiesta con todo el cuerpo es el que va a ser valorado por la audiencia, el que va a sentir como propio; el que hace vibrar al auditorio, el que lo va a encandilar y, por tanto, convencer.

 

También hubo aspectos positivos

La candidata sí tuvo en cuenta otros aspectos importantes del buen hablar, como mirar al público. No rehuyó mirar a un lado y a otro del auditorio, recorrerlo durante toda la exposición e, incluso, referirse a participantes en concreto, como a "los y las compañeras de UGT", que formaban parte del aforo, guiño que siempre es recompensado con sonoros aplausos.

En muchos momentos, también supo Chacón utilizar adecuadamente la entonación, esa melodía que obliga a empezar las frases con tonos bajos, más graves, e ir subiéndolos para bajarlos al final, si así lo exigía la frase, adecuándolos al mensaje que, en cada momento, se quería transmitir. Quizás sería necesario, para el futuro, dominar la técnica tan difícil de ser capaz de elevar el volumen de voz (como cuando quiere lograr el aplauso del auditorio) sin obligar, al mismo tiempo, a subir el tono que sitúa su voz en agudos no agradables para el oído. Pero esta, como cualquier otro aspecto del buen hablar, también se puede aprender. Por último, hay que añadir, como decía un periodista sobre los discursos leídos de Obama, "Leyó, pero supo leer bien".

Si Carme Chacón hubiese cuidado su oratoria  no sería ningún despropósito pensar que podría haber conseguido los 22 votos necesarios para ganar al otro candidato, y hoy muy bien podría ser la secretaria general del PSOE.

 

     PRÓXIMAS       CONVOCATORIAS

2012

 

Jueves, 10 de mayo

(16:00-21:00)

Módulo: "El empoderamiento de las mujeres a través de la comunicación pública". V Edición del Curso Especialista en Igualdad: Intervención Social desde la Perspectiva de Género. Facultad de Ciencias Sociales. CEU de Talavera de la Reina. (Toledo).

 

Viernes, 11 de mayo

(16:00-18:30)

Módulo: "Análisis del contenido de los medios de comunicación desde la perspectiva de género". V Edición del Curso Especialista en Igualdad: Intervención Social desde la Perspectiva de Género. Facultad de Ciencias Sociales. CEU de Talavera de la Reina. (Toledo).

 

Viernes, 25 de mayo

(17:00 - 19:00)

Taller: "Influencia de los medios de comunicación en la proyección de la imagen de las mujeres" en la Jornada: "Los partidos políticos ante el reto de la igualdad" Organiza el Institut Universitari d'Estudis de la Dona de la Universitat de València.

 

 

 

 

Pilar López Díez © 2007

 
Alojamiento Web