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Stieg Larsson

Artículo de EL MUNDO

Artículo de EL PAÍS. LYNGH

 

Alrededor del 8 de marzo de este año, 2012, la RAE saltó a los medios de comunicación manifestando su crítica y desacuerdo con las distintas y numerosas guías que, bajo el auspicio de las feministas, se han venido publicado a lo largo de toda la geografía española por grupos y asociaciones de mujeres, universidades y otras instituciones que aconsejan hacer visible al 50% de la población, las mujeres. A continuación, en pdf, una reflexión sobre el informe.

LA RAE DICE ESTAR A FAVOR DE LA IGUALDAD ENTRE HOMBRES Y MUJERES

Sobre el Informe

"Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer"

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Permiso de 'maternidad' para los hombres

Oía hace tiempo en la radio la entrevista a un profesional del cine, especialista en efectos especiales, quien, con total naturalidad, decía que por su absorbente trabajo no había conocido a su hijo hasta quince días después de nacer. Me extrañó que su voz no manifestara ni una emoción, ni un pesar, ni un disgusto. Parece, pues, pertinente que el reivindicativo 8 de marzo sea el día de la mujer trabajadora, ya que son ellas a quienes el nacimiento de un nuevo ser les perturba, no porque les haga perder el juicio, sino porque les trastoca la vida como si un verdadero tsunami entrara en sus casas.

No es asunto de dar cifras de la discriminación de las mujeres en el mercado laboral porque son bien conocidas, ya que es un asunto que contempla la agenda mediática habitualmente, por lo que nos felicitamos. El problema es responder a la pregunta ¿cómo se podría solucionar la discriminación laboral de las mujeres? Sería muy simplista señalar al empresariado como únicos responsables. La ONU considera que todo el mundo está involucrado en este asunto: instituciones e individuos, las mujeres y los hombres. El informe del 53º periodo de sesiones de la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer (2009) señala que la desigualdad en el reparto de responsabilidades en la familia tiene incidencia en el debilitamiento de los vínculos de las mujeres con el mercado laboral. Y pide que se vele para que las mujeres y los hombres tengan acceso a la licencia de maternidad, de paternidad u otro tipo similar y pide a los gobiernos que consideren la posibilidad de ofrecer incentivos para que los hombres utilicen esa licencia para dedicarse a prestar cuidados.

Así pues, buena noticia, los empleadores no discriminarían a las mujeres si, a la hora de contratar a una mujer o a un hombre, los hombres, cuando son padres, tuvieran las mismas limitaciones que las mujeres; por tanto, la solución a la discriminación de las mujeres en el mercado laboral pasaría porque los hombres se hicieran cargo de los cuidados y educación de la prole de la misma manera que lo hacen las mujeres desde el nacimiento hasta la independencia de la prole; así pues, parece que tiene sentido reivindicar que los hombres disfruten del mismo período de permiso por paternidad, intransferible, que la ley contempla para las mujeres (www.igualeseintransferibles.org).

Pero hay mujeres que no solo se oponen a esta medida, sino que, además, quieren que se aumente el permiso por maternidad ya que consideran que es la madre la única persona que necesita el niño o la niña para su desarrollo. Están equivocadas. Por ley, seguir discriminando a los hombres en el cuidado y educación de sus hijos e hijas no solo perjudica a las mujeres en sus condiciones laborales, sino que mantiene alejados a los padres de los bebés en los primeros meses de vida, fortaleciendo el desapego y la despreocupación de los padres por la prole (¿será esta la razón por la que los padres estadounidenses, después de diez años de divorcio, dejan de ver a sus hijas e hijos?) Eso sí, después, cuando hayan ejercido de padres, igual que las madres, si ocurre el divorcio, que pidan la custodia compartida. Entonces sí serán creíbles, y no interesadas, sus reivindicaciones.

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Reflexión para compartir (mi dirección electrónica, en la pág. principal):

Uno de los foros en donde hoy se puede mirar mejor para conocer el imaginario social de muchos hombres españoles es en los comentarios que vierten sin límite de tiempo -es lo que tiene su falta de corresponsabilidad: su ocio les permite dar rienda suelta a su libertad de expresión- en los periódicos digitales. No hay información sobre la prostitución, que recoja alguna posición contra la reglamentación, que no conciten los más variados comentarios a favor de tener a cuantas más mujeres prostituidas a su disposición, mejor. Parapetados tras el anonimato, expresan, sin atisbo de vergüenza, lo que opinan sobre las mujeres y sobre quienes nos posicionamos por la igualdad.

¿No hay mujeres que contraargumenten? Muy pocas; unas porque les están haciendo la comida; otras, porque creen que no merecen su tiempo; y otras porque lo hacemos desde aquí.

 

POR QUÉ LA PROSTITUCIÓN PERJUDICA A                 TODAS LAS MUJERES

 

 

-Por qué la solución que “ven” unas pocas prostitutas (las que dicen que quieren serlo y que, sintiéndose discriminadas respecto al resto de trabajadoras, piden la reglamentación de la prostitución) PERJUDICA  a TODAS las mujeres:

 

  1. Si por voluntad* las prostitutas RECIBEN DINERO por ALQUILAR SU CUERPO a los hombres.
  2. Pero las leyes CASTIGAN a aquellos que agreden sexualmente  a una mujer en contra de su voluntad (el cuerpo de las mujeres les pertenece a ellas, y su sexualidad, también).
  3. ¿Qué mensaje se envía a la sociedad acerca de la voluntad de las mujeres, de TODAS las mujeres? Las mujeres, cuando les conviene, COBRAN por tener sexo; cuando no les conviene, DENUNCIAN.  Corolario: No hay por qué tomar en serio la voluntad que manifiestan las mujeres.
  4. Este argumento mina, erosiona, lesiona, subvierte el PODER DE DECISIÓN DE LAS MUJERES y tiene efectos perversos sobre sus vidas.

 

-La solución de la reglamentación o legalización de la prostitución que, supuestamente beneficia a unas pocas y que creen que resolvería sus problemas, no es éticamente defendible porque perjudica el estatus de todas las niñas, jóvenes y mujeres.

 

 

* Facultad de decidir y ordenar la propia conducta.

 

 
 

 

 
 
 

Pilar López Díez © 2006